Relato Corto 1: El hotel

 Llegamos a la puerta del Hotel, abro la puerta y tú entras inmediatamente. Mientras pago y espero las llaves de nuestra habitación, tu miras con curiosidad las pinturas de fantasía de la recepción. Subimos al ascensor y llegamos al piso 3, al salir, nos dirigimos al que está con numeración 302. La habitación se encuentra abierta; de nueva cuenta, te doy la cortesía de ingresar primero que yo. Al entrar lo primero que noto es la cama amplia y perfectamente tendida. Al frente de ella, hay una espejo gigante y a la izquierda una ventana que da a la gran ciudad. A un lado de la cama, me abordas con un dulce beso; el sabor de tu labial a frambuesa y la carnosidad de tus labios, hacen que se entiendan mis más bajos instintos. Te abrazo, tomándote de la cintura y hago que tú cuerpo se pegue al mío. Admiro tu rostro, el color de tu piel morena, tus ojos verdes, tus grandes pestañas, tu pelo castaño ligeramente ondulado y abundante, tus gruesos y suculentos labios... Hacen que los vuelva a comer. Nuestras lenguas se juntan, estás juegan entre si, una encima de otra en diferentes turnos. Siento en las yemas de mis dedos tu suave piel. Llevas en en ese momento un vestido escotado y descubierto de la parte de atrás en color rojo brillante, con unos tacones de similar color, mientras que yo estoy vestido de traje negro con camisa blanca. Me quitas el saco y tocas mi pecho. Sientes como mi corazón late a mil por hora, lo que hace que te robe una sonrisa pícara. Quitas uno a uno los botones de mi camisa empezando de arriba a abajo, cada de vez que lo haces besas tiernamente una parte de mi pecho y lo sigues haciendo hasta llegar a mi pantalón. Veo como quedas de rodillas ante mi y me vuelves a sonreír de manera traviesa. No lo dudas... Desabrochas mi cinturón negro y lo quitas de un tirón, después vas por el botón y finalizas con el cierre. Mi prenda íntima queda expuesta y tú simplemente, empiezas a besar sobre la tela que cubre ese órgano viril, que en ese momento será tuyo toda la noche. Tus manos toman de lo elástico de mi boxer para poder bajarlo y así poner en libertad mi sexo. Lo miras asombrada, es grande y con un grosor peculiar, nunca habías visto algo similar. Siento tu mirada un poco asustada, pero finalmente lo tomas con tu mano y lo empiezas a frotar. Lo haces de manera delicada, suave y al hacerlo miras mi rostro y de nueva cuenta esa sonrisa tuya que me vuelve loco. Cierras los ojos y finalmente lo introduces en tu boca. Empiezas chupando mi glande mientras el resto lo frotas con tu mano. Siento tu lengua como como humedece mi punta. Mi ego aumenta cuando abres los ojos y al mirarte, veo como tu boca está llena de ese miembro viril, mientras tus ojos se posan en los míos. Te atreves un poco más, empiezas a engullirlo poco a poco hasta que llegas hasta el mango. Lo introduces a tu boca una y otra vez, lo haces con mayor velocidad, te ahogas con el debido al tamaño y grosor de mi pene, lo alternas chupando y succionando mis testículos. Me dices que están grandes duros. Te respondo con un "si, están llenos de lechita por tí". Tu ríes con mi respuesta. Te pones de pie, veo tu maravillosa figura. Calculo mides 1.70m, tienes piernas largas y muy torneadas, caderas anchas, tus pechos grandes y muy redondos, giras hacía la cama para tomar algo, veo tu bien formado trasero, redondo y prominente; una figura aún cubierta por ese vestido rojo tuyo. Empiezas desnudarte, los detalles de tu cuerpo se empiezan a apreciar; tus pezones ligeramente grandes y de color marrón, tu vientre totalmente plano, con un ombligo ovalado y profundo y tú sexo hermoso, sin ningún rastro de vello púbico. Me acerco nuevamente para besarte, tomándote de la cintura, tu me respondes abrazándome y sin previo aviso te giras conmigo y me tumbas en la cama, quedó boca arriba con mi verga bien parada como mástil, te subes a la cama y comienzas a caminar a gatas hacía mi. Terminas de desnudarme, quitándome los pantalones y yo te ayudo quitándome la camisa finalmente quedado me desnudo. Con cierta autoridad tomas mi pene y empiezas a frotarlo sobre tú sexo. Para estas alturas ya estás lista; tu vagina está lo suficientemente lubricada para poder tragar mi sexo, ya que siento como tus jugos salen de tu cavidad. Finalmente mi glande empieza a ser devorado por tu vulva y poco a poco se traga todo el tronco hasta que llega al mango. No se hacen esperar los gemidos expulsado de tu boca, apoyas tus manos en mi pecho y empiezas a moverte de arriba a bajo una y otra vez. Veo a través del espejo de la pared como tus redondas nalgas golpean mis piernas, veo también como entra y sale mi pene dentro de tu vagina, como nuestros fluidos se mezclan y se hace unos solo. Por su parte por el frente, tus pechos se mueven, son tan grandes y redondos y tus pezones perfectamente erectos, que invitan a chuparlos y succionarlos; no me detengo a hacerlo y antes ponerlos en mi boca, pongo mi cara entre tus glándulas tallándola de un lado a lado, mientras con tus manos presionas mi cabeza hacia ti, sin dejar de gemir de manera placentera. Sales de mi y me invitas a qué tome la batuta, te pones en posición de cuatro precisamente frente al espejo de una manera muy sumisa con el trasero muy muy levantado, haciendo que tus glúteos se separen dejando ver tu bella vulva y un delicioso ano. Tus nalgas hacen una forma de corazón y tu cintura diminuta. Te tomo de la cintura, apunto a tu entrada e introduzco mi verga poco a poco. Aprietas las sábanas de placer, pidiéndome más y más fuerte y rápido. Te obedezco, introduciendo con fuerza, con violencia mi pene diría yo una y otra vez, más y más fuerte y rápido. Observo como este entra en tu vagina, mientras en cada embestida tus nalgas se mueven de manera muy estimulante, sumado a tus gemidos llenos de absoluto placer, te propinó una nalgada y tú seguido pegas un grito de dolor, pero de igual manera muy placentero. Siento absoluto poder y lo aumento tomándote de tu larga y semi ondulada cabellera, sin dejar de penetrarte mientras tú aprietas los dientes y tus maravillosos ojos. Nos ponemos en la más común pero amorosa posición de misionero. Mi pene entra y sale dentro de tu sexo como si fuera un pistón. Mientras nuestros labios se disfrutan uno de los otros, nuestras lenguas juegan juntas y manos y boca alternadamente disfrutan tus senos. Finalmente estalló dentro de ti, mi semen se introduce dentro de tu vagina, nuestros cuerpos se estremecen en el acto, no quedamos viendo nuestros rostros, nos miramos a los ojos y nos quedamos abrazados y nos quedamos dormidos hasta el amanecer. Finalmente amanece. Nos bañamos juntos, vestimos nuestras ropas. Tu te vas con los tuyos, con tus hijos, esposo, con tu familia, yo me voy a la soledad de mi casa. Nos despedimos diciéndote "Hay que volver a hacerlo querida, tener una escapada" y tú me respondes "Cuando gustes amor, estaré disponible para ti, PARA SIEMPRE...


Comentarios

Entradas más populares de este blog

La transformación

La amiga de mi madre